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Agotada


Es lunes y estoy exhasuta. ¿Quién dijo que los fines de semana son para descansar? Cuando por fin llega el viernes en la noche, quiero hacer todo lo que no es posible en la semana: convivir con mi marido, no preocuparme por la hora de dormir, ir al cine, salir a cenar o tomar algo... sábado y domingo son para desayunar, comer y/o cenar con amigos y la familia... no queda tiempo para recuperar todas las horas de sueño que me perdí durante la semana.
"A descansar a la tumba", dice el refrán. ¿Pero con qué energía cuido a mi niño de casi dos años, al que le ha dado una mamitis terrible y cuyos pasatiempos favoritos son: treparse a los libreros, mesas y repisas de las ventanas, y perseguir al gato para taclearlo y (una vez sometido), morderlo? ¿Con qué claridad mental puedo contar para redactar y traducir todo lo que tengo que entregar? ¿De dónde saco fuerzas para lavar todos los trastes que tendré que enjabonar, enjuagar y secar durante la semana?¿Con qué cabeza pienso en lo que debo preparar para comer?
Podría seguir con la lista de cuestionamientos, pero debo ir a arrastrarme por los pasillos de supermercado... eso sí, con muy buenos recuerdos del fin de semana que acaba de pasar. Creo que al final eso es lo que nos queda de consuelo los lunes. Sí, definitivamente prefiero estar cansada y feliz de haberme divertido, que descansada y aburrida. Quizás debería considerar tomar vitaminas ... ¡sólo que no sean de esas que provocan hambre!

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Cuidando mi reputación


Ayer twittée: "Por fin un día tranquilo, tengo que trabajar pero al menos no tengo que manejar". Y una amiga me puso en evidencia frente a todos mis followers:

-"@Dada13 siempre se queja de tener que trabajar".

Me hizo reir mucho y sonrojar un poco. No sabía que responder para reivindicarme, pues nunca me había dado cuenta de que fuera un lamento recurrente. Entonces le respondí:

-"Es que ya no es tan divertido como antes ;)".

Y es cierto. Si he expresado incomodidad no es porque sea floja. Tampoco porque me moleste lo que hago ahora. Sin embargo, antes era mucho más sencillo y divertido. Horario, lugar y métodos conocidos. Todo estaba puesto para hacer el trabajo cómodamente. Un gran escritorio, un equipo, colaboradores, es decir, toda la infraestructura de una enorme empresa respaldándome. Ahora yo tengo que encontrarme el tiempo de trabajar (que generalmente es de 6,00 a.m. a la hora que despierte mi bebé-ya-casi-niño, en la hora de su siesta, y de las 9,oo p.m. que se duerme hasta donde mi pobre cuerpo aguante).

Ya no tengo compañeros de trabajo con los cuales comentar los últimos acontecimientos de cualquier tema, ni voy a eventos, ni tengo un escritorio. Mi lugar de tabajo en mi mesa del antecomedor, y mis salidas se limitan a ir a dejar recibos, para lo cual hay que dar mínimo 4 vueltas a la ciudad pues tengo que ir a dejar a mi niño a algún lado para que me lo cuiden en lo que yo visito corporativos.

Y a pesar de la letanía anterior, reitero que no me estoy quejando. A cambio estoy con mi niño todo el día, no tengo que sufrir las peores horas de tráfico, ni vivo con el temor de quedar atrapada en Santa Fe por alguna inundación o caos vial. Me alimento de comida casera (mucho más sana y rica que el del comedor de una empresa o de un restaurante) y he aprendido muchas artes hogareñas.

En fin, este post tampoco es para glorificar la vida freelancera. Sólo intentaba limpiar un poco mi reputación virtual, que de pronto se me olvida que es casi hasta más importante que la real.

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Si pudiera regresar el tiempo...


Últimamente he reflexionado exhaustivamente acerca de mi relación con el trabajo. Igual que cuando tuve que elegir mi disciplina (soy la típica universitaria que escogió Comunicación porque tenía un amplio abanico de opciones), nunca he visto la trayectoria laboral como un camino lineal y evidente.
Habiendo desempeñado múltiples funciones y puestos, e involucrándome en temas increíblemente variados, de mi experiencia han resultado gratas sorpresas. Vaya, no puedo decir que no he tenido mi ración de tropiezos y tragos amargos (vaya si los he tenido), pero al final he logrado sortear los obstáculos y los proyectos en los que he participado siempre han arrojado resultados gratificantes. Aún así, hay varias cosas que sé ahora que me hubiera gustado saber antes.
Si pudiera regresar el tiempo y darme algunos consejos a mí misma al inicio de la carrera, serían los siguientes:
1) Busca actividades y temas que te apasionen y vayan de acuerdo al momento de la vida que estás pasando - no hay nada peor que dedicar en algo con lo que una no se identifica, sobretodo cuando pasamos mucho tiempo en eso.
2) Nunca antepongas el trabajo a tu salud- tengo un dedo meñique chueco que siempre me recordará que hubiera sido mejor que me entablillaran toda la mano a ser "100%" productiva en un cierre editorial.
3) Toma los comentarios sobre tu trabajo con inteligencia emocional. - Antes de reaccionar de manera sentimental, respira profundo para responder de manera civilizada sin dejar de defender tu punto.
4) Nunca aceptes ambientes o condiciones laborales con las que no estés de acuerdo- sobretodo al estar "de planta" en una oficina, el lugar, la gente y influyen mucho en nuestro bienestar personal.

Y bueno, nunca es tarde para aplicar lo aprendido, así que ahora como freelance sigo elucubrando cómo crear la relación ideal con el trabajo. ¿Algunas ideas?

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Un día de 27 horas.


El tiempo no me rinde. Hay demasiadas cosas que hacer. Y pareciera que todo es igual de importante que lo demás. Siento que no me alcanza la vida más que para lo básico (y eso, si me apuro). Hacer esas cosas que uno tiene ganas de, pero que nunca puede, (como archivar papeles, ordenar cajones, imprimir fotos, etc.) es casi una utopía. Además, vivo eternamente con sueño. Pero esto no es nuevo. Cuando trabajaba en una oficina me sentía igual. Así que supongo que esta sensación no tiene que ver con el tipo de trabajo que se hace. Tomar vacaciones implica apurarse a resolver infinidad de asuntos, y regresar representa enfrentar miles de pendientes y complicaciones que se dieron a raíz de nuestra ausencia. ¿Quién no ha soñado en tener "vacaciones de las vacaciones"? Supongo que mucha gente, independientemente de las actividades que tenga que cumplir de sol a sol, comparte mi frustración. Por eso, propongo que la jornada se alargue a, por lo menos, 27 horas. De ese tiempo extra, yo emplearía dos terceras partes para dormir. La restante la usaría para avanzar poco a poco en las actividades "extracurriculares" que mencioné antes. Aunque tres horas suenan a muy poco. ¿Servirían de algo? Quizás de todas maneras me seguiría lamentando de que no hago todo lo que me gustaría; tampoco estaría suficientemente descansada... Entonces olvídenlo, dejemos todo como está. Pero eso sí: si ven una oportunidad de hacer algo fuera del programa rutinario, háganlo, ¡que es ahora o nunca! Ya lo dice bien el viejo y conocido refrán (por cierto,me encantan los dichos): "No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy". ¡Bendita sabiduría popular!

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A veces estoy así

Y así no se puede trabajar. Y es que hay ocasiones en las que los bebés no se calman a menos que mamá los cargue, y ellos no entienden razones de bomberazos, obligaciones, ni de fechas de entrega. ¿Qué hacer cuando hay que entregar algo urgente y el querubín nada más no se quiere quedar tranquilo? Aquí les comparto algunas soluciones que al menos a mí me han resultado efectivas... Se aceptan sugerencias también.
1) Crearles una zona de juego cerca de donde se trabaja: Yo le saco TODOS sus juguetes y se los pongo juntos frente a mi computadora. Empiezo a jugar con él y cuando ya lo veo entretenido, hago mi graciosa huída. Así lo puedo estar viendo mientras voy avanzando en mi entrega.
2) Hacerlos sentir que ellos también están trabajando. Prestarles un teclado de computadora que ya no sirve o una máquina viejita, y ubicarlos a un lado nuestro es bastante efectivo para entretenerlos. También darles lápices de colores y ponerlos a dibujar a lado suele funcionar.
3) Cuando lo anterior no resulta, la televisión es una solución infalible. Vaya, no creo en sentar a un niño todo el día frente a la tele, pero en una emergencia tampoco se trata de una aberración y es bastante efectivo. En la actualidad existen contenidos especiales para cada edad, por lo cual no sólo no es malo que vean los programas, sino que inclusive aprenden con ellos. Lo que me parece importante recalcar es que si se limitan al mínimo las horas que el niño ve televisión durante el día, en caso de tener que trabajar, esto ni siquiera debería causarnos culpa.

En realidad lo que quieren es atención y no sentirse solos, entonces si de vez en cuando se les da una vuelta, se puede lograr completar el trabajo en episodios. Eso sí, hay que tener claro que NUNCA es posible trabajar tan tranquilamente como en la oficina (generalmente hay que estar pendientes de lo que hacen y estar escuchando un fondo de musical infantil). Pero al menos las mujeres somos multitasking y pacientes, porque nunca me podría imaginar a un hombre haciendo lo que hacemos nosotras.

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Día de junta (o mujer al borde de un ataque de nervios)


Esta no soy yo, pero hagan de cuenta que sí. Ahí les va la historia. El hecho de que trabaje en casa no quiere decir que no deba ir de vez en cuando a una reunión con la gente con la que colaboro. Es entonces cuando las cosas pueden saliir mal. Cita es a las 10 am. Parto de casa poco antes de las 8 (lo cual quiere decir que me levanté a las 6 para bañarme, arreglarme, preparar pañalera, etc.) para ir a dejar a mi bebé con mi suegra y volver a tomar camino. Pero, ¡oh perseguidora Ley de Murphy! ¿Qué hice yo para merecer tu castigo? A pesar de que según yo calculé el tiempo suficiente como para darle esa tremenda vuelta a la ciudad, inclusive 10 minutos más para pasar por gasolina, el tráfico estaba inusualmente pesado y, para colmo de males, al querer abandonar la gasolinería ¡mi coche ya no quiso prender! Era la batería, y aunque me ayudaron a resolverlo relativamente rápido, el percance sumado a lo lento de la circulación vehicular me implicó MEDIA HORA de retraso. Y yo, llame y llame para ver si ya habían empezado, si veían caso en que todavía llegara, si no había perdido sentido toda mi proeza de la mañana. Estando a unas 6 cuadras de las oficinas a las que me dirigía, vi un espacio para estacionarme en la calle y, no queriendo arriesgarme a perder otros 15 minutos en llegar a la ubicación exacta y empezar a buscar lugar, dejé ahí mi coche y me bajé corriendo (qué bueno que no uso tacones). Llegué JUSTO cuando iban a empezar. Quizás les parezca una exageración, pero hay pocas cosas que me ponen tan mal como llegar tarde a algo importante, y siendo la primera reunión para un proyecto, me tenía que pasar. Extraño la rutina, cuando sabía exactamente a qué hora salir y la guardería me quedaba a 5 minutos de la oficina. La logística freelancera me está pareciendo bastante complicada: rutas, lugares, precedimientos y horarios nuevos. Una vez más me consuelo pensando que, eventualmente, me acostumbraré también a esto.

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